Después de la primera cita confieso que no me quedaban ganas para la siguiente. Sin embargo, Jo se encargó de recordarme toda la semana de que tenía un trato con ella y que mi siguiente cita a ciegas estaba más que confirmada y esperando por mí.
Aún sigo sin saber cómo demonios me metí en esto. Tal vez se deba a mi falta de voluntad para decir que no es lo que me mete en problemas, aunque debo de confesar que la mayoría de las veces me ha dado más oportunidades. Sin embargo, creo que es momento de cambiar, y decir más no que sí, antes de que termine haciendo cosas que me desagradan.
Entonces, debido al acontecimiento que sucedería el fin de semana, pasé todos los días imaginando como sería el próximo candidato. Lo primero que rogué es que no tuviese mascotas y, si las tenía, que al menos fueran dos. También pedí que no hablara de gatos, aún sigo recordando los tipos de razas de gato y como cada una va con la personalidad de su dueño.
En pocas palabras, pedí por una persona normal, alguien con la que pueda platicar de todo y de nada, y que me agrade. La verdad es que a mi edad el físico, ya es lo que va y viene, aunque Jo me aseguró que es un bombón bien hecho.
Leo de nuevo el mensaje que me envió Jo con la descripción de su perfil y trato de analizarlo para hacerme una idea.
⎯Orlando Cies, 34 años, nacionalidad española pero hijo de migrantes colombianos. Trabaja en un despacho de contaduría, vive con su hermano mayor, no tiene mascotas y es campeón nacional de sudoku. Le gusta ir al cine, leer y limpiar. ¿Limpiar?, ¿quién pone en sus pasatiempos limpiar?
En ese instante el sonido del interfono me asusta, provocando que salte y baje los pies del escritorio. Tomo el teléfono de inmediato.
⎯Dime, Marlen.
⎯En primera, baje los pies del escritorio, no está en un bar. En segunda, su padre le acaba de dejar un mensaje.
⎯Y, ¿cuál es? ⎯inquiero.
⎯Que no olvide el concierto en honor a su abuela. Debe de llegar antes para tomarse unas fotos, decir unas palabras y después, debe quedarse al cierre para saludar a los músicos.
⎯¿Tanto?, pensé que solo iba a escuchar.
⎯Eso no lo sé. Yo solo paso el mensaje.
⎯Bien.
⎯También preguntó si iría solo o con pareja, para que pueda avisar al recinto.
Me quedo en silencio. Desde que mi familia se enteró que estoy de nuevo teniendo citas, han comenzado a abrir la posibilidad de que lleve un más uno a todos los lugares a los que voy.
⎯No lo sé.
⎯¿Cómo que no lo sabe?
⎯Pues no sé, Marlene. No estoy seguro.
⎯¿Entonces?
⎯¿Qué?
⎯Le pongo, ¿no está seguro?
⎯¿No le puedes poner por confirmar? ⎯inquiero.
⎯Si es por confirmar, es porque posiblemente si lleve a alguien. Mejor confírmeme de una vez ⎯me contesta.
Suspiro.
⎯Solo pon por confirmar y mañana te digo, ¿vale? Ahora, ¿tienes algo más que decirme?
⎯No, todo bien.
Ella cuelga el interfono y yo hago lo mismo. La relación entre Marlen y yo es algo rara. No sé si me quiere, o me odia, si se preocupa por mí o en realidad no le importo… Aún estamos navegando en las olas de nuestra relación.
Dejo el móvil de nuevo, tomo el ipad para ver el reciente correo de mi tía, y cuando me acomodo, de nuevo el escandaloso timbre hace que brinque del susto. Tomo la bocina.
⎯¿Dime?
⎯Baje los pies de la mesa, no está en un bar ⎯me regaña Marlen.
⎯Pero… ¿Cómo? ⎯me pregunto, mientras busco con la mirada alguna cámara.
⎯Solo baje los pies ⎯me dice, para después terminar la llamada.
Definitivamente, esta mujer me volverá loco, aunque admito que es muy buena en su trabajo. Después de sumergirme en correos, cifras, papeles e instrucciones, es hora de regresar a mi piso y prepararme para mi cita. Honestamente, no tengo un atuendo específico planeado para este encuentro a ciegas, pero definitivamente no quiero presentarme con el mismo traje que llevé al trabajo; necesito algo más casual. Así que, me doy una ducha rápida y reflexiono de nuevo sobre si esta realmente es una buena idea.
Mientras salgo, confirmo que ni Jon, ni Jo estén invitados a mi cita. No quiero agregar la ansiedad a mi cita a ciegas. Jo me asegura de que se encuentra saliendo de cena con sus padres y Xes, y Jon me dice que puede que esté ahí, o no… que todo depende de su papel encubierto.
⎯No voy a aceptar eso como respuesta ⎯le contesto, mientras me subo a mi auto.
⎯Es la única que tengo. Tú no sabes nunca dónde estoy; puedo estar aquí, o puedo estar allá, no lo sabes.
⎯Jon.
⎯No estaré, hombre, diviértete. Lo necesitas.
La llamada concluye, y yo simplemente suspiro. Arranco el auto y salgo del conglomerado. Siendo honesto, me hubiera gustado que Jon estuviera ahí, o simplemente alguien que me acompañara. Jon y yo somos los únicos solteros de la familia; ni siquiera mi hermano Héctor sufre de eso. Solo quedamos nosotros dos y mis sobrinos, quienes son muy pequeños para tener novios o novias.
No obstante, todos están casados, comprometidos o en pareja, incluso uno de mis mejores amigos, Pablo, también lo está, lo que me convierte siempre en la tercera rueda, el mal tercio y la persona que inevitablemente hace sombra a los demás. Desde que David llevó su relación con Ana Carolina Santander a otro nivel, ya no cuento con su compañía y, cuando lo hago, es solo por un breve momento. Así que aquí estoy, solo, tratando de lidiar con esto y con muchas cosas más, aunque siempre esté rodeado de decenas de personas.
Llego a casa en cuestión de segundos, o al menos eso siento. A pesar del tráfico, he optado por las calles más despejadas, sin tanto tráfico ni luces rojas. Subo a mi piso y automáticamente comienzo a regar mis plantas antes de entrar a la ducha.
En menos tiempo del que pensaba, me doy cuenta de que solo faltan quince minutos para mi cita. No entiendo cómo el tiempo se me ha escurrido tan rápido. Supuestamente, iba a tiempo, y ahora, de repente, me veo retrasado.
⎯¿Dónde está ese zapato? ⎯pregunto, mientras busco por todo el lugar el otro zapato café que combina con mi ropa. Al no encontrarlo, tomo los del trabajo, unos de color ceniza que combiné con mi traje champagne.
⎯¡Dios!, si mi abuelo viera esto ⎯me quejo, mientras noto que no combinan para nada⎯. Solo espero que no lo note.
Luego recuerdo que las probabilidades de que llegue tarde son bastante altas. No obstante, ya no puedo buscar otro par de zapatos; esto me pasa por ser tan desordenado. No como Tristán, que tiene toda su ropa ordenada a la perfección: por tonos y uso. Tiene secciones específicas para la ropa de invierno y de verano, y sus zapatos están igualmente organizados. Lo único más grande que su armario es su librero.
Mi abuelo, David, les enseñó a todos sus nietos cómo mantener un armario ordenado, cómo elegir la ropa y cómo vestirse de forma ideal. Todos aprendimos las dos primeras cosas. Solo Lila, Sila y David aprendieron la primera. Alegra, Héctor y yo somos un desastre, y a menudo nos lo recuerda. Nos saca factura constantemente.
De nuevo soy afortunado, el camino de mi piso al restaurante está libre, lo que tomo como una buena señal. Así, tan solo entro al restaurante, noto a lo lejos a un hombre sentado, con la espada erguida, viendo hacia el pequeño jardín y vestido con un traje verde bandera. Su cabello, lacio, está perfectamente peinado para atrás, y sus manos, arregladas, se encuentran sobre la mesa.
Él ve su reloj de pulsera, se lo acomoda, sé que llego tarde, pero tampoco es para tanto, solo fueron diez minutos. Me acerco a la mesa de inmediato, y cuando siente mi presencia, voltea.
⎯¿Orlando? ⎯pregunto.
Él me sonríe. Noto que tiene una sonrisa bastante amplia y con la dentadura perfecta. Sus dientes brillan tanto, que juro que si se va la luz, lo podría encontrar en la oscuridad.
⎯Pero sí que eres guapo ⎯comenta.
Sonrío levemente.
⎯Lo siento por llegar tarde, tuve, algo que hacer de urgencia.
⎯No importa, solo que no se repita ⎯contesta, para reírse tres veces de manera corta.
Orlando en verdad es guapo. Tiene ojos verdes que combinan con su piel bronceada, su cuerpo parece trabajando por el gimnasio y todo en él está perfectamente arreglado: la barba, el cabello, las manos y puedo asegurar que también los pies.
⎯¿Ya has pedido algo?
⎯Sí, me tomé la libertad de pedir un vino.
⎯Perfecto ⎯comento, mientras saco de mi bolsa el móvil y lo pongo sobre la mesa.
⎯¿Tienes prisa?
⎯No, no, claro que no. Lo que pasa es que mis padres se fueron a Italia y estoy esperando una llamada de ellos. Es todo.
⎯Vaya…
Orlando estira la mano y, con discreción, acomoda el móvil de forma vertical porque estaba un poco en diagonal. Después suspira. Nos quedamos en silencio, tratando de saber quién empezará primero la conversación. Después de unos segundos, nos reímos.
⎯Lo siento, tengo meses que no salgo ⎯me confiesa.
⎯Igual. No te preocupes.
⎯Bueno, pues dime, ¿cómo es que un hombre tan guapo como tú entro en esa aplicación? ⎯me pregunta.
⎯Mi prima, Jo, ella decidió que era bueno para mí y aquí estoy. En frente de ti.
⎯Frente a ti ⎯me corrige.
⎯¿Cómo?
⎯Frente a ti. Lo siento, soy un poco exigente con la gramática.
⎯Ya veo… ⎯contesto.
⎯No te lo tomes a mal es que…
⎯No te preocupes, mi vista hizo que me atrasara en algunas cosas.
⎯¿Tu vista?
⎯Debería estar ciego, prácticamente ⎯confieso⎯. Mi tío, que es un talentoso pediatra, me diagnosticó a tiempo y me ayudó. Aunque, posiblemente mi final no sea tan feliz. Puedo quedarme ciego.
⎯Lo siento, de verdad… solo que… espera ⎯comenta, y después llama a la mesera que se acerca de inmediato.
⎯Diga.
⎯¿Ves eso? ⎯le pregunta, y de pronto volteo a ver las macetas que hay detrás de nosotros.
⎯¿Qué veo?
⎯Rosas rojas, rosas blancas, rojas, blancas, blancas, rojas…
⎯¿Cómo? ⎯pregunta ella.
⎯Por qué no mueves las rosas rojas antes de las últimas blancas… me está matando verlo desde acá.
⎯Bueno es que…
⎯Te lo pido… no puedo estar en paz.
⎯Está bien ⎯responde ella.
Orlando me vuelve a ver al rostro.
⎯Es que es ilógico, ¿no crees?
⎯Supongo que si ⎯digo, sin saber de qué habla.
⎯El patrón es evidente: Rojo, blanco, rojo, blanco.
⎯Sí, sí, por supuesto ⎯respondo.
La mesera se acerca con el vino, y después nos pide que ordenemos algo de la carta. Yo pido una lasaña vegetariana, y él unos ravioles. Después, él sirve el vino y noto que el líquido en las copas, es igual en ambas. Ni un poco más, ni un poco menos.
⎯¿Brindamos?
⎯Claro… ¿Por qué?
⎯Por este encuentro. Y por conocernos mejor.
Sonrió. Ambos chocamos nuestras copas y yo tomo un sorbo. Tan solo la dejo sobre la mesa, él la llena justo a la altura de como la tenía antes.
⎯¿A caso me quieres embriagar? ⎯bromeo⎯. Te aviso que me enseñaron a tomar vino desde pequeño y esto no es nada para mí.
⎯Claro que no… ¿Excepto que quieras que lo haga? ⎯me contesta coqueto.
Vuelvo a tomar otro sorbo, y en cuánto pongo la copa sobre la mesa, la vuelve a llenar. Tomo una vez más, solo para confirmar que no estoy alucinando. La copa se vuelve a llenar.
⎯Creo que… no te gusta dejar la copa vacía ⎯ le comento.
⎯Me desespera que el líquido en las copas de tinto no se mantengan en el nivel. Así que me gusta llenarla.
⎯¿Cómo?
⎯Sí, ya sabes.
⎯Pero, si sigues así no podré acabarme el vino.
⎯No te preocupes. Pediré más vino. Es más, ¿me permites hacer algo?
Entonces, Orlando se pone de pie, y toma el cuello de mi camisa para cerrar los dos últimos botones.
⎯¿Qué haces?
⎯Los botones, Pueden ser tres abiertos, pero, no dos… se ven mal.
⎯¿Tres?
⎯Sí
Entonces, abro cuatro botones de mi camisa, mostrando mi pecho.
⎯¿Qué tal cuatro?
⎯No, tres…si no ni uno.
Me quedo en silencio. Esto se está poniendo bastante raro. Podría ponerme de pie en este instante e irme, pero tengo hambre, la lasaña ha llegado y no pienso ir a comer solo a mi piso.
La mesera deja los platos y nos desea buen provecho. Nosotros hacemos lo mismo y nos disponemos a comer. Sin embargo, ya no es lo mismo. Después de lo que ha pasado, mi vista ya está fija en más que su físico y su sonrisa, si no todo lo que está a su alrededor.
⎯¿Es cierto que te gusta limpiar? ⎯le pregunto.
⎯Me encanta limpiar. Creo que es lo que me desestresa después de llegar de trabajar. Tú sabes, trabajar con números puede llegar a ser pesado.
⎯Sí, claro.
⎯Me gusta llegar mi piso, cambiarme de ropa y limpiar. Lo hago con detenimiento, paso a paso, quitando cada cosa y pasando el trapo sobre ellas con esmero. A veces puedo pasar desde las seis hasta las once de la noche limpiando sin descanso. Termino exhausto, pero, vale la pena.
⎯¡Vaya! ⎯expreso, pensando en si me conviene llevarlo a mi casa para que ordene mi clóset. Aunque eso significaría que lo tendría ahí por mucho tiempo, y si soy honesto no me gusta nada.
⎯Así es. Limpiar es mi pasión. A ti, ¿qué te apasiona?
⎯Pues… ⎯Trato de contestar, pero en realidad he olvidado lo que me apasiona.
⎯Es más, empecemos por algo ligero, dime tus tres propósitos principales en la vida.
⎯¿Disculpa?
⎯Sí, por ejemplo, uno de crecimiento personal y desarrollo, otro de contribución a la comunidad y de logro personal y éxito.
De pronto, veo que saca una pequeña libreta y una pluma. ¿A caso va a apuntar lo que voy a decir?
⎯Dime Daniel, ¿cómo harías a este mundo un mejor lugar para habitar? ⎯inquiere.
Me quedo en silencio, mientras trato de pensar una respuesta. En realidad, pensé que las citas eran para divertirse, para reír a carcajadas o al menos compartir gustos vanos, como no sé, hablar de nuestros pasatiempos. Pero, al parecer, él está haciéndome una entrevista de trabajo.
⎯¿Es en serio que debo contestar esto? ⎯le digo.
Él asiente.
⎯Así es. Es importante para mí. Saber que la persona con la que estoy saliendo tiene sus objetivos bien puestos. Que sabe cuáles son sus logros personales y sobre todo, que sepa que conmigo nada es a la ligera. No soy un hombre para pasar una noche e irme. Soy un hombre que llegará a arreglar tu vida y a vestirte de forma correcta. No combinando zapatos gris ceniza con un traje azul marino.
Me quedo en silencio. Creí que en esta cita me iría mejor, pero, al parecer, no será así.
⎯¿A caso tienes un TOC? ⎯le pregunto.
⎯Sí, diagnósticado. Pero eso no interrumpe con mi vida. Aunque… ⎯Entonces mueve el tenedor que tengo al frente para ponerlo de una forma correcta⎯. Listo.
⎯Dios… ⎯murmuro. Jo tiene un tino para escoger mis citas que creo que se lo prohibiré.
⎯Bueno, pues dime… ¿Tienes tus objetivos? ⎯sugiere.
Me quedo en silencio. Claro que debo tener objetivos en algún lado, pero en este momento no se me ocurre nada, además, solo quería cenar y pasar un buen rato. En eso, me hago un poco más para adelante y noto que en la libreta también trae preguntas. Literal me está tomando un perfil.
⎯¿Crees que pueda ir al baño antes de contestarte?, es que será largo. Me tardo 10 minutos.
⎯Sí, claro… te espero ⎯contesta, para después mirar su reloj.
Me pongo de pie. Tomo mi móvil y lo meto en mi bolsa y me dirijo hacia el baño y entro. Me quedo un minuto, viéndome en el espejo y sin poder creer que he fracasado en otra cita. Esta vez, ni siquiera pude comer algo.
⎯Al menos el de los gatos me permitió cenar ⎯murmuro.
Es increíble como no puedo conectar con nadie, o la mala suerte que tengo con los candidatos. ¿Será que Raúl se llevó toda mi alegría y todas las conversaciones divertidas que tenía?, o, ¿solo es que yo soy algo exigente o, al parecer, poco exigente?
El móvil suena, y veo el nombre de Jo en la pantalla. Lo tomo de inmediato y sin dejarla hablar, le digo:
⎯Es un desastre ⎯ menciono.
⎯No puede ser.
⎯Lo es… ahora estoy encerrado en el baño pensando mis objetivos de vida, y me he traumado al saber que no tengo ni uno.
⎯¡Venga!, contéstale ser feliz.
⎯¿Para que lo apunte en su libreta y continué con las demás preguntas?, ¿qué es esto?, ¿una entrevista de trabajo? Además, tiene TOC, y está diagnosticado por un médico.
⎯¿Y?
⎯¿Cómo que y? Hizo que cambiaran los patrones de las macetas del restaurante porque no era rosa roja, rosa blanca. Me dijo que mi camisa estaba mal abrochada, crítico mis zapatos y además, no deja de llenar mi copa de vino porque si baja de cierto límite se vuelve loco ¿Dónde encontraste esta aplicación, en un manicomio?, si no están obsesionados con los gatos, tienen TOC severo.
⎯Te juro que son los que dan match a tu perfil ⎯me calla, y ahora me pongo a pensar que tal vez el loco soy yo.
⎯Pues, entonces… Estoy jodido.
⎯Dicen qu eres lo que atraes…
⎯Dice la mujer que es prometida de un empresario multimillonario… ⎯hablo con sarcasmo.
⎯No es mi culpa atraer la riqueza ⎯contesta.
Ambos nos reímos. No me puedo pelear con Jo, somos demasiado unidos.
⎯Pues, supongo que yo atraigo la locura.
⎯Creo que deberías canalizarlo. Si atraes la locura, debes atraer otro tipo de locura. Una que te guste.
⎯Basta… se acabó esto de las citas, ¿vale? No quiero atraer nada, solo quiero estar tranquilo en mi casa.
⎯¿Otra vez?, me dijiste que serían tres, vamos dos. Venga, que el siguiente candidato es perfecto.
⎯No…
⎯Vamos… te mando foto y todo, este hombre es…
⎯No. Si voy a salir con alguien, lo escogeré yo. Parece que tu quieres que tenga citas con todos los locos de Madrid.
⎯¡Qué exagerado! Que mis dos fallas en tus citas no me definan como casamentera.
⎯Demasiado tarde. Ahora, si me disculpas, tengo que ver cómo voy a escapar de esto. Al menos me hubieses enviado a Jon.
Jo se ríe bajito.
⎯Lo siento.
⎯Está bien… al menos ahora tengo algo en que pensar cuando llegue a mi piso. Mis objetivos en la vida ⎯le digo.
Jo termina la llamada y yo me quedo solo en el baño. No puedo creer que termine la velada así. No es que pensara que terminaría en otra cosa, pero al menos poder decir que tuve una buena conversación.
⎯¿Qué hago? ⎯pregunto, mientras me veo en el espejo.
La puerta del baño suena.
⎯¡Un momento! ⎯ grito.
⎯Señor, soy la mesera de su mesa.
Así, abro la puerta y me encuentro con la joven que nos ha atendido toda la noche.
⎯Dime.
⎯El señor que estaba con usted se fue, así que supongo que usted pagará toda la cuenta… ¡Ah!, y también le dejó una nota.
Tomo el papel y leo en una perfecta letra el mensaje que me dejó Orlando.
“Dijiste diez minutos, han pasado doce. Es evidente que tus prioridades son otras. Me dio gusto conocerte, pero en verdad, eres una decepción”. Saludos.
⎯¡Guau!
⎯Lo mismo dije. Si me preguntas, creo que él es el que está loco.
La mesera me da la cuenta y me percato que hay cien euros de más.
⎯¿Por qué tengo siete órdenes de tiramisú?, yo no pedí eso ⎯pregunto.
⎯Es que dijo que no le gustan las cuentas que terminan con centavos e hizo el cálculo para que se arreglara. Así que pidió siete órdenes de tiramisú antes de irse.
⎯¡Dios!, ya veo por qué está soltero ⎯murmuro.
⎯¿Le pongo sus tiramisus para llevar o los comerá aquí? ⎯me pregunta.
⎯Ponlos para llevar ⎯hablo, en un tono de cansancio.
La chica se va y yo vuelvo a quedarme en el baño. Ahora soy un hombre que soy una decepción y tengo siete órdenes de tiramisú para llevar por la obsesión de un hombre.
⎯Supongo que iré al concierto sin pareja ⎯hablo, para luego salir de ahí.
Una cita más, otro fracaso… me pregunto cuántos debo tener para llegar al éxito.
Jajajajajaja pobrecito 🤭 que tino tuvo Jo para estas citas jajaja pero bueno bien dicen que hay que besar sapos para llegar al príncipe no?? 🤣
Estaremos cerca de encontrar al indicado?? 🤔 yo espero que si 🤭❤️
Dicen que la tercera es la vencida, ya veremos la siguiente☺️☺️☺️, está muy divertida, me encanta.
Wow tras que tiene TOC diagnósticado le echa la culpa a el. Q risa
Pero bueno la tercera será la vencida
Hay pobre Daniel que cita más desastrosa y si que estaba loco ese tipo.
Ojalá en la siguiente le vaya mejor 🤞
🤣🤣🤣🤣🤣 raro pero cierto. Daniel que la paciencia de tu abue Tristán te acompañe 💪🏼
Jajajajajaja ay pobre Daniel. Ahi si se desachó Jo con esos perfiles jajajajaja, me rei demasiado. Pobrecito. No te desanimes q ya pronto llegará el indicado jajajajaj
Hay no que fastidio con este tipo 🤪🤪🤪🤣🤣🤣 pobre Daniel 🤭🤭 Jo le está fallando el instinto esperemos que el tercero sea bueno 🤞🏼🤞🏼🤞🏼
Jefecito no me odie todo es por su bien y baje los pies por fa 🙈🙈🤭🤭😝😝
Que locura 😂😂😂😂
Jajajaja recuerda Daniel: si algo puede salir mal, seguro saldrá peor 😂¿¿que rayos con el tiramisú??
Por otro lado…. Se viene el concierto, tal vez ir sin pareja sea su destino 🤗
Al menos fueron tiramisú, se congelan y te arreglan el postre cualquier día. Mi niño jajajaja