No dormí en toda la noche. Solo estuve pensando en ella mientras mis labios latían de deseo. Había pasado una cita extraordinaria con Ceci, una mujer que ha vuelto a despertar en mí toda esa curiosidad y felicidad que yo hacía perdidas o más bien enterradas. Después de tantos años durmiendo en las tinieblas y en la depresión, ella vino para despertarme de un beso y traerme hacia la luz y, ahora, ya no quiero dar marcha atrás.
Jamás pensé volver a sentirme así: atractivo, guapo y sonriente. Durante mucho tiempo pensé que solo seríamos Mía y yo, pero, ahora, siento que podría abrirle un espacio a alguien más en mi vida. Las puertas se volvieron a abrir y de nuevo, hay paso para el amor, hay momentos de risas y cariño, de pronto, Miguel Caballero sabe lo que es tener una ilusión.
Así, con el corazón latiendo emocionado, veo cómo el sol se reflejaba en mi ventana, dándole paso a un nuevo día que se sintió muy diferente a otros. Al ver la hora en mi reloj, me pregunto si era decente hablarle, o simplemente esperar a que el tiempo pasara para hacerlo. Ella me había pedido un beso, así que no había dudas de que ella sentía algo por mí y solo era cuestión de adivinarlo y justamente eso es lo que haré este día.
Me pongo de pie y camino hacia el baño para echarme un poco de agua en el rostro y que me ayude a despejarme. No sé si necesite un pretexto para llamarle o para verla, solo sé que hoy es su día libre y que puede hacer lo que desee, y no debo de dejar pasar esta oportunidad.
⎯¿Y si la invito a desayunar? ⎯me pregunto, mientras veo en el reflejo del espejo una sonrisa⎯. Bueno, tal vez quiera pasar este momento con su hijo y yo…
Me río. No puedo creer que esté haciendo planes para invitar a salir de nuevo a Cecilia. Tal vez me estoy viendo un poco desesperado y lo mejor sea esperar. Creo que pasaré el día con Mía y más tarde le llamaré. Hoy no quiero ir a trabajar, hoy solo quiero guardar esa sensación tan cálida en mí.
Mientras me veo en el espejo, desabrocho lentamente los botones de la parte de arriba de mi pijama, revelando mi torso ante el espejo. La luz del baño delinea los contornos, destacando los músculos que con el tiempo he esculpido. Aún me encuentro en buena forma física, aun mis músculos son firmes. Todavía tengo ese porte gallardo que yo pensaba perdido. Aún no he caído en la desgracia. Mi espíritu sigue vivo.
⎯Creo que sí sería apropiado invitarte a desayunar ⎯murmuro, y enseguida tomo el móvil, para marcarle a Cecilia.
No escucho ni los dos tonos de llamada, cuando ella responde con una frase que no me esperaba:
⎯¿Entonces, tú tampoco has podido dormir en toda la noche? ⎯Para luego dar una ligera risa.
⎯Te diría que me gusta despertarme con el alba, pero, no es así. Me alegra saber que no fui el único.
⎯Claro que no… ⎯Asegura.
Nos quedamos en silencio, y luego se escucha un suspiro de su lado. Al parecer, creo que soy yo el que debo dar el primer paso, así como ella lo dio ayer por la noche.
⎯He estado pensado, que hay una cafetería, que da sirve un café que…
⎯¿Está cerca de algún metro? ⎯Me interrumpe.
⎯No lo sé. Pero puedo recogerte en el lugar de ayer.
⎯Estaré lista en diez minutos o, ¿es muy pronto para ti? ⎯y al decir esto, se ríe bajito.
⎯Diez minutos está perfecto. Ya estoy saliendo ⎯ le anuncio, y sin más, cortamos la llamada y nos preparamos para vernos de nuevo.
***
Ni yo estuve a los cinco minutos, ni ella estuvo en diez. En realidad, ambos nos tomamos nuestro tiempo para arreglarnos y tratar de asimilar lo que estaba a punto de suceder. Además, yo tuve que avisar a Su, que no desayunaría con ellas, porque tenía algunas cosas que hacer, no quise decir más. Tal vez, para Su, la información que le di, no le agradó, pero si soy honesto, no quiero que sepa nada de Ceci, deseo mantener esto en privado hasta que esté seguro de qué rumbo tomará. Mientras tanto, que crea lo que desee.
Así, después de despedirme de Su, tomé el auto y me dirigí hacia el lugar donde la recogí anoche. Todavía esperé diez minutos más, hasta que la vi salir del metro. Hoy Ceci, viene con ropa abrigadora, con su hermoso cabello suelto, que parecer rojizo bajo el sol, la cara sin una gota de maquillaje y esa sonrisa que lo ilumina todo.
Yo de inmediato, salgo del auto y voy de lado del copiloto para abrirle la puerta. Ella sin decir nada, llega ante mí y me da un beso sobre los labios, que me calienta el alma de pronto.
⎯Hola ⎯me dice coqueta⎯, hace mucho frío.
⎯Así es… ⎯ pronuncio, aun sintiendo la sensación de sus labios.
⎯¿Vamos?
⎯Vamos… ⎯ respondo.
Cecilia se sube al auto y luego, yo, me subo del otro lado. Cuando estamos dentro, a solas, soy yo quien la toma del rostro y la beso de una forma más formal. Sus labios, suaves, se encontraron con los míos en un beso que parecía sellar un pacto tácito.
Es un beso tierno, cargado de la esperanza que solo los comienzos pueden ofrecer. Un gesto que habla de un futuro aún por descubrir, pero que promete aventuras y complicidad. Me siento feliz, muy feliz y solo se lo quiero expresar.
Cuando nos separamos, ella se sonroja mientras me ve a los ojos.
⎯Pero, señor Caballero, no sabía que usted besaba así.
⎯Beso mejor, pero, ahora tengo frío ⎯contesto seguro, y ella sonríe.
Arranco el auto y comienzo a manejar por la ciudad que apenas va despertando. Ceci, va viendo por la ventana y explicándome lo que venden en ciertos locales que hay a nuestro alrededor. Al parecer, uno de sus pasatiempos, es salir a caminar y descubrir locales que vendan comida para, después, probarlos y dar su opinión sobre ellos.
⎯Bueno, pues espero que a este lugar no hayas venido antes ⎯le comento. Mientras la ayudo a bajar del auto.
Ella sonríe al ver la pequeña cafetería.
⎯No, creo que mis pasos no se han dirigido hacia acá.
⎯Pues me alegro.
Cierro la puerta y ambos caminamos, sin tomarnos de las manos, hacia la puerta del sitio. Al entrar, el delicioso olor a café recién molido, y del plan horneado, nos hace sonreír. Una especie de calidez viene a nuestro cuerpo y nos sentimos de verdad a gusto. Tan solo escogemos la mesa, le pido al mesero dos panes del día con el café. Al irse, Ceci me pregunta:
⎯¿Cliente habitual?
⎯Sí y no.
⎯¿Sí y no? ⎯Y ríe bajito.
⎯Sí, porque todos los días le pido a mi asistente que me lleven el café del día. No, porque no vengo tan seguro como tú crees.
⎯¿Qué pasó con el pan del día?, ¿no lo comes?
⎯No tan seguido… tengo que cuidar la figura ⎯bromeo, y ella sonríe.
El mesero se acerca con nuestra orden y la deja sobre la mesa. Al irse, el café humeante le da más calor a este encuentro.
⎯Pues… que aproveche ⎯le digo a Ceci.
Ella levanta la taza de café y le toma un sorbo con los ojos cerrados. Después, sonríe y asiente con la cabeza.
⎯El mejor café que he probado.
⎯¿No te lo dije? ⎯Aseguro, para luego tomar yo un poco del mío.
Paso siguiente, observo como ella toma un poco de pan y se lo lleva a la boca. Veo cómo lo disfruta, como si fuese una experta catadora de panes y estuviera poniendo a prueba este. De pronto, abre los ojos y sonríe.
⎯¿Qué pasa?
⎯Lo siento. Es que tengo años que no veo a una mujer comer y mucho menos disfrutar de algo tan… sencillo.
Ceci se muerde los labios.
⎯Me gusta lo sencillo, ¿a ti no? ⎯me pregunta.
Asiento con la cabeza, y sin dudarlo hablo lo que está en mi mente.
⎯Me gustas tú ⎯confieso⎯, me gustas desde el primer momento que te vi.
Ceci se sonroja, pero en lugar de esconder el rostro lleno de vergüenza, me responde:
⎯Y tú a mí… solo qué.
⎯¿Qué? ⎯pregunto, o más bien insisto.
⎯Que creo que tu mundo y mi mundo son bastante diferentes y no tengo ni idea de cómo podemos hacerle para que coincidan.
Ahora soy yo quien se ríe bajito.
⎯Ceci, creo que llevamos coincidiendo más de lo que nosotros queremos. Lo único que no ha coincidido es que yo pruebe tu comida.
⎯Eso sí ⎯responde, para luego llevarse un mechón detrás del oído.
En eso, le tomo la mano, sorprendiéndola y poco, pero a la vez, haciéndola sonreír.
⎯Creo que los dos nos hemos dado cuenta de que tenemos más en común que simplemente coincidir en los mismos lugares. A los dos nos gusta el café, el Sache Torte,. ⎯ella comienza a reír⎯, e ir al zoológico.
⎯Vaya que sí.
⎯Y creo que hay otras millones de cosas que son comunes entre los dos, solo…
⎯¿Solo qué? ⎯insiste.
Entonces, tomo un suspiro y mirándola a los ojos, me abro a ella y le confieso:
⎯Ceci, soy, o bueno, solía ser, un hombre solitario. Aunque podría pensarse que lo tengo todo por mi posición económica y otras comodidades, en realidad, lo único verdaderamente valioso en mi vida es mi hija Mía y mi corazón, que creí que se había ido con mi esposa a la tumba. Pero desde que te vi, entendí que eso no era cierto.
»Tú, de alguna manera, logras que quiera salir y explorar nuevos horizontes. Mantienes mi mente despierta durante la noche, y no es por cambios de pañales o tomas de leche. ⎯Ella se ríe⎯. Si no que, has tomado posesión de mis pensamientos de una manera que no creía posible. Y creo que la única forma de descubrir si hay algo más entre nosotros es intentándolo. Esa noción de “nuestros mundos” es solo una invención destinada a prohibir o separar a dos personas que se quieren. La atracción simplemente sucede, llega cuando menos lo esperas, al igual que todos los demás sentimientos que la acompañan.
⎯¿A caso me estás invitando a que descubramos qué más tenemos en común? ⎯inquiere.
Asiento con la cabeza.
⎯Sí. Y créeme que soy valiente al decirlo porque yo…
Ceci acaricia mi mejilla, para hacer el cuerpo hacia delante y darme un ligero beso sobre los labios.
⎯Me encantaría descubrir esto contigo.
⎯¿Así como los locales de comida? ⎯inquiero.
⎯Así como los locales de comida… ⎯ comenta.
⎯Como los locales de comida. Quiero que probemos, cada sonrisa, cada platillo, cada pasatiempo, cada momento…
⎯Cada beso ⎯menciona.
⎯Cada beso.
Así nuestros labios se acercan, una vez más y comenzamos a besarnos, disfrutando de estas nuevas sensaciones entre nosotros. Es un beso tierno, lleno de la dulzura del pan del día y el aroma embriagador del café.
Siento cómo la ternura se desliza entre nosotros, llena de complicidad y risas. En esos labios, encontré, la chispa de la vida que creía haber perdido hace mucho. Este beso me recordó que las oportunidades de amar, de sentir, aún florecen incluso después de creer que habían marchitado. Ceci se ha convertido en el renacer de esos sentimientos, y el recordatorio de que siempre es posible encontrar el amor después de mucho tiempo sin buscarlo.
⎯¿Te puedo pedir algo? ⎯le comento, y ella, aun con sus labios sobre los míos, asiente⎯, vayamos lento, que estoy en verdad muy perdido, en esto de las citas.
⎯Irémos lento.
⎯Y, no le digamos a nadie, ¿vale? No te quiero mantener en secreto, pero, es mejor…
⎯¿Carol?
⎯Así es…
⎯Seré una tumba, lo menos que quiero es que Carol Parker se entere de esto.
⎯Excelente… ⎯respondo, para volver a besarla en aquel lugar, tan especial y mi favorito, que hace muchos años, me regaló la historia de amor más hermosa que pude haber pedido. Espero que esta, sea aún mejor.
aaawwww que bonito que se está soltando
Tengo la duda de ¿qué pasó con el dije que le dió Izel para que le regalara? nunca se lo dió?
tengo miedo por Carol
De verdad que deben ser muy discretos para que la arpía de Carol no se entere y les dañe lo bonito que están empezando
Alguien que tiene la sensibilidad de entender al otro ya ganó la mitad del camino. Ojalá Carol no se convierta en una pesadilla en el sueño de este par.