⎯¡TRES! ⎯ Gritó María Julia, cuando Cho y Sabina les avisaron una semana después que serían padres ⎯. ¡ESCUCHASTE ROBERT!, ¡SON TRES! ⎯ dijo emocionada, mientras contenía las lágrimas que se escapaban de la pura emoción.
Robert abrazó a Sabina y le dio un beso sobre la frente. No lo podía creer, sería abuelo de trillizos, de tres hermosos bebés que llegarían a darle felicidad a sus días.
⎯¡Felicidades, yerno mío! ⎯ expresó María Julia, feliz. Para luego abrazar a Cho, quien también la envolvió entre sus brazos ⎯. Parece que fue ayer cuando viniste por primera vez a ver a Sabina a la casa, y ahora… ¡Me darán trillizos!
⎯Julie ⎯ murmuró Cho, y la contuvo en sus brazos en un abrazo grande. Y como no sentirse amado por María Julia Ruiz de Con, que era una madre para él. Le había apoyado, en las buenas y en las malas, salvado de muchas situaciones y amado como un hijo.
⎯No puedo creer que Chou me dé tres sobrinos. ⎯ Se escuchó la voz de Jo, quien seguia viendo el ultrasonido de su hermana, que mostraba a los tres bebés ⎯. Y pensar que siempre pensé que sería tu consentida.
⎯No le digas al otro rubio, pero, tú, siempre lo serás ⎯ bromeó, mientras veía a Jon.
Jon sonrió. De todos los Carter era el más aventurero pero el más discreto. Tenía la personalidad de Robert por completo: amable, generoso pero un poco más callado. Parecía que no había sido contagiado por la “vibra Ruiz de con”, aunque se llevaba muy bien con todos y los quería mucho. Sin embargo, Cho siempre supo que no era serio por antipático, sino que más bien, porque observaba, y leía las actitudes y movimientos de todos. Algún día sería un gran inspector de policía.
⎯¿Qué piensas tú, rubio?, serás tío ⎯ le preguntó Cho, mientras lo abrazaba como su fuese su hermano.
⎯Yo digo que es genial. Por fin tendré a alguien para enseñarle mis trucos de escape por los balcones y escaladas en los árboles.
⎯¡Ah, no! , este Cho Carter debe llegar a los veinte años con todos los huesos del cuerpo completos ⎯ le contestó Sabina, acordándose de las veces que debieron correr al hospital debido a los trucos de Jon.
⎯Carter Cho ⎯ corrigió Adrián y todos voltearon sorprendidos.
⎯ ¿Cómo? ⎯ preguntó Sabina, sin saber eso que significaba.
⎯Que no quiero que mi apellido pase a nuestros hijos. Mi padre no se merece que haya más Cho en el mundo. Quiero que pase el de tu padre, se llamarán Carter Cho.
⎯Pero, es tu apellido ⎯ contestó Sabina de inmediato ⎯. Tú eres su padre, no tiene nada que ver lo demás.
⎯Lo sé, pero, para mí, es importante. Además, el apellido Carter merece más ese honor, créeme.
Robert se acercó a él y le dio una palmada sobre la espalda. ⎯ Entiendo tus razones, hijo, pero, no es necesario.
⎯Para mi, lo es. ¿Han escuchado la frase honor a quien honor merece? Tómenlo como un infinito agradecimiento de mi parte por todo lo que me han ayudado a lo largo de estos años. Se los pido.
Sabina abrazó a su marido. ⎯ Si eso es lo que deseas, por mí está bien.
⎯También tengo otra petición, pero para eso necesitamos saber el sexo de los bebés.
⎯Yo apuesto que serán tres mujeres, las mujeres abundan en esta familia ⎯ afirmó Jo.
⎯ No digas apuesta, que se parece Daniel con la libreta de apuestas familiares y tus tíos detrás. ⎯ Bromeó, Robert, e incluso, todos voltearon hacia la puerta para ver si no pasaba. Luego rieron.
⎯Hablando del resto de la familia, es momento de decirles. ⎯ Sabina tomó la mano de Cho ⎯.¿Qué dices?, ¿estás listo para hacerlo oficial? ⎯ le comentó.
⎯¿Estás segura de que no les quieres decir hasta que pasen cuatro meses? ⎯ inquirió Cho.
Sabina negó. ⎯ En mi familia no se acostumbra eso. Creemos que un nacimiento es digno de ser anunciado desde el primer día. Así nos cuidamos y nos echamos buenas vibras. Y en caso de que pase algo, podamos llorar juntos. En las buenas como en las malas. Si solo compartiéramos las alegrías, no seríamos los Ruiz de con ⎯ habló.
Cho sonrió. Si algo amaba de la familia de Sabina era eso, lo unidos y herméticos que eran.
⎯ Vamos entonces. Tengo muchas ganas de ver la reacción.
***
La reacción del resto de la familia fue en verdad hermosa. Las tías lloraron, los tíos la abrazaron y de todos los más sentimentales fueron Manuel y David, uno porque era su primera sobrina y estaba encantado con la idea, y el otro porque no podía creer que la “chiquitina”, como él le decía, ya iba a ser madre.
⎯¿En qué momento pasó tanto tiempo? ⎯ preguntó, mientras la abrazaba como cuando era pequeña ⎯. Si parece que fue ayer que te hacía anillos de origami, ¿recuerdas?
⎯Y todos los tengo guardados, tío ⎯ confesó Sabina.
⎯La familia crece. Estoy segura de que tus abuelos estarían increíblemente felices ⎯ habló Luz, mientras se secaba las lágrimas.
Los abuelos, las figuras que, los Ruiz de con, no podían olvidar jamás. Sabina estaba segura de que todos sus abuelos habían también confabulado para que ella pudiese cumplir uno de sus más grandes deseos.
⎯Aún no puedo creer que esto sea real ⎯ dijo Ainhoa, mientras veía el ultrasonido de su sobrina.
⎯Lo es. Julie será abuela de tres nietos y nosotros sus tíos ⎯ contestó Manuel con ternura, mientras la abrazaba.
⎯Apuesto que son niños ⎯ se escuchó la voz de David hijo.
⎯¿Vamos a apostar? ⎯ preguntó Cho, entrando en el inevitable juego de los Canarias y Ruiz de Con ⎯. Pero si lo vamos a hacer, tiene que ser una mega apuesta. Nada de nimiedades.
⎯Estoy dentro ⎯ se escuchó la voz de Moríns ⎯. Daniel, saca la libreta de las apuestas, que esto se pondrá bueno.
De nuevo, se hizo otra apuesta como había pasado millones de veces en la familia. Las mujeres solían quedarse a raya, pero, esta vez, decidieron también hacerlo. No apostaron dinero, sino más bien, que los perdedores pagarían el bautizo de los niños y el ganador, sería el padrino o madrina de uno de ellos.
⎯Pobre de los que pierdan ⎯ dijo David, quien había hecho la apuesta de dos niñas y un niño ⎯. Si en la boda se tiró la casa por la ventana, en el bautizo nuestras herencias temblarán.
Al final, él y unos cuántos temblaron, cuando no le atinaron en los sexos de los bebés, y tuvieron que pagar el bautizo; aunque no les fue tan mal.
***
Después de los anuncios y las felicitaciones, los chocitos, como ya les decían de cariño, hicieron su aparición. Como si estuviesen esperando a ser anunciados para comenzar a dar señales de que estaban vivos y estaban ahí.
Sabina, dos días después, comenzó con unas náuseas insoportables que le hicieron rechazar hasta el agua del día. Después, Cho, tuvo que dejar de colocarse esa colonia que tanto le gustaba porque su esposa no la soportaba. Continuando con los síntomas, el dolor de cabeza se hizo presente en migrañas que hacían dormir a Sabina la mayoría del tiempo. Y del cansancio no se diga, la pobre mujer podía pasar todo el día dormida sin problema alguno, y llegar exhausta de trabajar.
Sabina apenas tenía unas semanas de embarazo y los pantalones ya no le cerraban. Su prima Sila le recomendó que no comprara ropa de embarazo, sino que los pantalones de yoga eran la solución para todo, por lo que fue a comprarse de todo tipo de diseños. También se compró vestidos y suéteres, tres tallas más grandes de lo normal, porque sabía que en un punto le quedarían justas.
Adrián y Sabina estaban felices. Fotografiaban día a día como el vientre de Sabina iba creciendo, y se emocionaban cuando iban a las revisiones a verlos. Los tres crecían bellos, fuertes y sus corazones latían indicándoles que estaban vivos, y que esto no terminaría en una tragedia como había pasado antes.
Los dos abuelos se pusieron manos a la obra, y comenzaron a hacer los regalos para los niños. Entre Julie y Pilar -la abuela seleccionada por Cho – empezaron a tejer las cobijas que usarían al salir del hospital, y los abuelos se dieron a la tarea de hacer las cunas de los tres. Cada una con diseño diferente y con detalles que los distinguirían.
Con la llegada del segundo trimestre, los antojos de Sabina irrumpieron como un arrollador tsunami, y Cho se encontraba listo para satisfacerlos, siempre y cuando se ajustaran a la dieta diseñada para mantener en equilibrio sus hormonas. Se convirtió en un hábil panadero, maestro en la confección de pasteles y mago de los brownies. Cada creación de Cho, era degustada por Sabina con una devoción que bien podría compararse con una bendición celestial.
No existía nada que Cho no hiciera para mimar a su esposa, quien se tornaba más hermosa con el paso de los días, mientras su vientre se redondeaba, señal inequívoca de la salud de sus bebés. Cada jornada, en unión con su esposo, Sabina elevaba sus plegarias al cielo, implorando a Dios por el bienestar de sus pequeños, anhelando que el embarazo llegara a plenitud sin complicaciones. En ese instante, la emoción superaba con creces cualquier rastro de temor, y esa sensación preciada era un tesoro que deseaban preservar, pues la felicidad se extendía a cada rincón de la familia.
Conforme el tiempo pasaba, el momento de saber el sexo de cada uno estaba por llegar. Por lo que todos estaban ansiosos de saber quién de los familiares le había atinado. Entre que unos decían que todas eran niñas y otros que todos niños, y unos cuántos que hacían combinaciones entre unos y otros, solo una persona le atinaría, lo que aumentaba la emoción en la apuesta.
Así que el día que Sabina y Cho fueron a ver a los bebés y avisaron a la familia que ya sabían los sexos-, ya que las últimas dos revisiones no se dejaron ver. La familia se reunió en casa de Julie, adornaron todo de globos, compraron bebidas y comida, haciendo una revelación de género privada que solo ellos disfrutarían.
Al verlos llegar por la cámara, se emocionaron por completo, e incuso las hermanas Canarias, que en ese instante se encontraban en Nueva York, esperaban ansiosas por videollamadas para saber el resultado, y los Jaz, que desde que Sabina se había casado ya formaban parte de cada evento.
Fue todo un acontecimiento cuando la puerta se abrió, y Sabina entró de la mano de Cho, luciendo su abultado vientre que pronto ya no cabría en el vestido. Los entraron felices, ilusionados, y con lágrimas en los ojos. Habían visto a sus bebés perfectos, creciendo y por fin podrían comenzar a llamarlos por sus nombres, como lo deseaban.
⎯Lo sabemos todo ⎯ dijo ella, mientras sacaba de una bolsa de plástico tres tubos adornados.
⎯¿Y? ⎯ preguntó Daniel, quien ya tenía la libreta de las apuestas listas.
⎯Y, son hermosos ⎯ habló Cho.
⎯¿Quieres decir que todos son niños? ⎯ preguntó ilusionado David Canarias, quien había hecho su apuesta por ese lado.
⎯No…
⎯¿Entonces, todas son niñas? ⎯ preguntó Ainhoa, que ya se hacía con tres alumnas nuevas en su academia de ballet.
⎯No.
⎯Venga Cho, no te hagas del rogar ⎯ le pidió Jo, quien comía de ansias por saber el sexo de sus sobrinos.
Sabina y él se vieron a los ojos, como si fuese una señal de que era tiempo de decirlo. Ambos tomaron el primer tubo brillante y con una sonrisa jalaron el pequeño hilo; cientos de papelitos azules salieron volando por la sala de la casa.
⎯¡Tendremos un niño! ⎯ gritó Julie, y todos se emocionaron. Los saltos y los aplausos no se hicieron esperar.
Cho tomó otro tubo y después de la señal de Sabina, jalaron el hilo y papelitos rosas saltaron como lluvia por todo el lugar. Los gritos de felicidad no esperaron, y todos se abrazaron llenos de júbilo.
⎯Bien, dijo Daniel. Ya tenemos a varios finalistas: Lila, David, Jaz y Moríns.
⎯Pues, este es el momento de la verdad ⎯ contestó Cho, tomando otro de los tubos; suspirando dijo. ⎯¿Listos?
⎯Listos ⎯ contestaron todos.
⎯¿Seguro que están listos? ⎯ preguntó.
⎯Sí, listos…
⎯¡Seguros que están listos! ⎯ gritó, haciendo a Sabina reír.
⎯¡Venga hombre!, que me va a dar un infarto de la emoción ⎯ le gritó Robert, que estaba listo para festejar.
Sabina tiró el hilo, y esta vez, el color azul invadió su casa, tendrían otro niño. ⎯ ¡Tendremos un niño!
⎯¡Sí! ⎯ exclamó Moríns emocionado, mientras festejaba junto con Lila, que había hecho la misma apuesta.
⎯¡Dos niños y una niña! ⎯ gritó Robert ⎯, ¡tendré una nieta!
Las lágrimas de emoción comenzaron a fluir. Los abrazos hacia Sabina y Cho no se quedaron atrás, y las felicitaciones llovían, como también las bendiciones. Lo que habían manifestado hace tiempo, Sabina y Cho, se volvía realidad, tendrían dos niños y una niña y los nombres estaban listos.
⎯ La niña se llamará Sirena ⎯ habló Sabina, mientras se acariciaba el vientre, en donde se encontraba la bebé; que por cierto tenía su propio saco amniótico. ⎯ Uno de los niños se llamará Roberto Adrián.
⎯¿Y el otro niño? ⎯ se escuchó la voz de Alegra, por el ordenador de su hermano.
⎯Eric Jaz ⎯ pronunció Cho, y todos voltearon a ver a Eduardo, quién sonrió.
⎯Le queríamos poner Eric Eduardo, pero, mi hermano ya se llama así ⎯ aclaró Sabina.
⎯Así que acordamos que le llamaríamos Eric Jaz. Es mi forma de hacerte saber lo especial que eres para mí, papá ⎯ pronunció Cho.
⎯Me gusta, Eric Jaz Carter Cho. Apuesto que ese niño será famoso ⎯ comentó Jo.
El silencio se hizo en toda la sala y los ojos se postraron sobre Daniel, al parecer otra puesta estaba por comenzar. Todos se rieron. Sabina puso las manos sobre su vientre y sonrío. Pronto sus hijos comenzarían a moverse y ella podría sentirlos.
⎯Ya los esperamos Eric, Robert y Sirena. Toda su familia está feliz de recibirlos ⎯ murmuró.
Cho le dio un beso sobre la frente y puso la mano sobre el vientre de su esposa. Era real, tan real como los latidos de sus corazones, como el brillo en los ojos de Sabina y como la felicidad que sentía todos los días al ver materializado su deseo; tener una familia con su Sirena. En unas semanas los tendría entre sus brazos, y podría ser el padre que él hubiera querido tener: cariñoso, comprensivo y presente.
Yo espero que alguien use el nombre de Mena para una nueva integrante de la familia. 🙏
La hija de Lila es Ximena!!