TAZARTE

Nunca imaginé que el verano terminaría de esta manera: con pareja, con mi hija a mi lado y una nueva vida en Madrid. Vivir en un piso que, seamos sinceros, jamás habría podido rentar ni comprar, y, lo más importante, estar feliz; sobre todo feliz.

Aria ya está inscrita en una de las mejores escuelas del país. Ha comenzado sus clases de arte y parece estar adaptándose muy bien a su nueva vida. Dan le cae de maravilla. Me ha confesado que le gusta la forma en que la trata y, lo que más le gusta, es que se esfuerza tanto por comunicarse con ella a través de gestos. La niña se ríe mucho cuando se equivoca, pero Dan siempre lo corrige con amor y paciencia, lo que a ella le resulta muy gracioso.

A pesar de haber estado juntos solo unos días, Dan ha avanzado muchísimo con el lenguaje de señas. Me da la sensación de que estudia hasta altas horas de la noche, porque nunca lo he visto tan dedicado a aprender algo. Aunque no me lo ha dicho directamente, ya hace tiempo que Dan no pasa la noche en casa conmigo. Me ha explicado que, por respeto a Aria, prefiere quedarse con ella hasta que se sientan más cómodos y hasta que todo esté listo. Le agradezco profundamente ese gesto, pero, para ser sincero, lo extraño.

A pesar de que no duerme aquí, Dan pasa todas las tardes con nosotros. Le trae a Aria juguetes, pequeños detalles y siempre encuentra una forma de hacerla sentir especial. Ha prometido que, después del estreno de la Casa de la Música, llevará a Aria a conocer a sus sobrinas y a toda su familia. La niña está tan emocionada por eso, y también le agrada el hecho de que pronto irá a la escuela con ellas.

Por mi parte, me estoy concentrando en los últimos preparativos para el concierto infantil y juvenil. La orquesta, con todos los arreglos que hicimos, suena increíble. Estoy realmente emocionado por lo que se viene; este evento es importante para mí, no solo como director, sino también como parte de este nuevo capítulo en mi vida.

⎯¿Cuándo vas a comprar la pintura, papá? ⎯me pregunta Aria a gestos, mientras corre por el parque cerca de la casa.

Ella está llena de energía, sube y baja las escaleras de los juegos y se desliza por la resbaladilla sin parar. Le prometí que tendría su mural en la pared de su cuarto, que pronto iríamos a comprar las pinturas, pero la niña no puede esperar.

⎯Ya te dije que el fin de semana ⎯le comunico, moviendo las manos de forma clara para que me entienda. ⎯¿No me dijiste que querías ir con Dan?

Aria asiente rápidamente, como si ya estuviera pensando en todo lo que hará cuando tenga las pinturas.

⎯Entonces debes esperar ⎯le comunico, sonriendo mientras intento darle un poco de paciencia.

⎯¿Puede ser de toda la pared? ⎯me pregunta, sus manos volando de lo rápido que las mueve, emocionada por la idea de un mural grande.

⎯Toda la habitación ⎯le respondo, imaginando ya cómo será su cuarto lleno de colores. ⎯Ahora, ve a jugar un rato más. Pronto regresaremos al piso para que te duches.

Aria pone un rostro de pocos amigos, como si la idea de la ducha fuera lo último que quería escuchar en ese momento.

⎯¿Por qué estás tan obsesionado con las duchas? ⎯me pregunta en señas, frunciendo el ceño mientras se aleja corriendo, probablemente con la mente puesta en el mural que hará.

La observo, tan feliz, tan llena de vida. Creo que, como padre, he logrado lo que todo padre quiere: proteger y cuidar a su hija. Aria se sube a un columpio y comienza a columpiarse, empujándose con las piernas.

Si tan solo pudieras verla, Alexander, pienso. La imagen de Aria, con su sonrisa de oreja a oreja y su energía desbordante, sigue rondando en mi mente, una calma que no esperaba encontrar en medio de todo esto.

⎯Taz… ⎯escucho una voz conocida, y al voltear, veo a Sebastián sentado en la banca donde hemos dejado nuestras cosas. Siempre tan seguro de sí mismo, con esa mirada calculadora que no puedo soportar.

⎯¿Qué quieres? ⎯pregunto, molesto, porque siento que invade mi espacio personal.

⎯¿Ni un “buenas tardes”? ⎯me pregunta, con esa sonrisa arrogante que lo caracteriza, como si fuera el centro de todo.

⎯Buenas tardes, ¿qué quieres? ⎯respondo, dejando escapar un suspiro mientras me acerco a la banca. Ya sé a dónde va esto, y no me apetece en lo más mínimo.

⎯Iba pasando por aquí, y me percaté que tienes una hija, ¡qué escondidito lo tenías! ⎯dice, como si estuviera completamente tranquilo, como si no le importara lo más mínimo lo que podría haber de personal en mi vida.

⎯No te metas con Aria, ¿vale? ¿Qué quieres? ⎯le suelto, con la voz más grave, intentando marcar un límite que él parece no comprender.

⎯Saludarte… ¿que no puedo? ⎯responde, con una sonrisa socarrona que me dan ganas de desarmar.

⎯Ya lo hiciste. ⎯le respondo, sin mucha paciencia. El aire entre nosotros está tenso, y yo ya estoy cansado de jugar sus juegos.

⎯Taz, ¿por qué tan agresivo? Yo sólo quiero saludarte. Es más, quiero admitir que esta vez me ganaste. ⎯dice con una falsa calma, como si no tuviera ningún remordimiento.

⎯¿Ganaste? ⎯pregunto, arqueando una ceja. ⎯¿Era competencia? ⎯mi tono es escéptico, porque en serio, no entiendo qué juego está jugando ahora.

⎯Entre nosotros sí, era una competencia por Daniel, y lo sabías. O, ¿me vas a decir que no hiciste todo lo posible porque te hiciera caso a ti? ⎯me responde con un tono desafiante, como si fuera una verdad universal que él creía tener.

Lo miro un momento, sin creer lo que acaba de decir. Sebastián siempre ha jugado sucio, y la forma en la que lo dice ahora, como si se tratara de algo tan obvio, me irrita aún más.

⎯Si hice… ⎯le digo, con un suspiro, sin poder negar lo que ya sé que es cierto. Sí, hice lo que sea para acercarme a Daniel, pero lo hice porque me importaba, no porque fuera un juego.

⎯¿Ves? ⎯me interrumpe, su sonrisa crece aún más. ⎯Admitir que estabas compitiendo no tiene nada de malo. Dicen que todo se vale en la guerra y en el amor. ⎯dice, como si sus palabras fueran una lección que todo el mundo debería seguir al pie de la letra.

⎯No sé qué disparates estás diciendo, Sebastián. ⎯respondo, cruzando los brazos, intentando no dejar que sus palabras me afecten.

Él se pone de pie de un salto, quedando frente a mí. A pesar de que en teoría no somos tan diferentes en tamaño, su postura engreída y su cuerpo musculoso me hacen sentir más pequeño, casi insignificante. Sebastián siempre ha sido el tipo de hombre que usa su físico y su ego como una especie de escudo, y me irrita que ahora esté tan cerca, jugando sus cartas de forma descarada.

⎯No me mires así, Taz. No es que haya celos entre nosotros, ¿o sí? ⎯su tono se vuelve suave, como si intentara seducirme, jugando con sus palabras.

⎯¿Celos? ⎯pregunto, confundido, pero manteniéndome firme⎯. ¿Por qué habría celos?

El comentario me desconcierta, me parece completamente fuera de lugar. ¿Por qué debería sentir celos de Sebastián? La idea de estar comparándome con él me molesta, y la forma en que lo dice lo hace aún más extraño.

⎯Mira, Sebastián. No sé cuál es tu propósito aquí, pero te pido que te vayas. No tenemos nada que hablar. ⎯le digo con firmeza, tratando de ponerle un alto a esta conversación que me resulta innecesaria.

Él sonríe, esa sonrisa arrogante que siempre lleva puesta, como si todo estuviera bajo su control. De repente, y sin previo aviso, extiende la mano y acaricia mi rostro con una suavidad que casi parece calculada.

⎯Yo sé por qué le gustaste. ¿Quién pudiera resistirse a ti? ⎯me dice, con un tono que mezcla la confianza y la provocación.

Siento un escalofrío recorrer mi espalda, no sé si por el toque en sí o por la forma en que lo dice, como si fuera un secreto revelado, algo que ya sabe pero que no debería decir en voz alta.

Antes de que pueda responder, Sebastián baja la mano lentamente, dándome una última mirada llena de desafío. Luego, sin decir una palabra más, se da media vuelta y se aleja, dejándome con la sensación de que no he entendido del todo sus intenciones.

Me quedo allí, solo, respirando más rápido de lo que quisiera, tratando de procesar lo que acaba de pasar. ¿Celos? ¿Es esa su forma de acercarse a las personas? Todo en esta situación me deja con un mal sabor de boca, pero también con una extraña sensación que se disipa de inmediato cuando siento que Aria jala mi brazo, sacándome de mis pensamientos.

⎯¿Todo bien? ⎯me pregunta, en señas, mirando con preocupación, como si notara mi estado alterado.

⎯Sí, todo bien⎯ respondo, tratando de mantener la calma. No quiero preocuparla, ni hacerla sentir que algo la rodea que no puede entender..

Sebastián sabe cómo alterarme, como si su presencia fuera suficiente para desestabilizarme. Algo en su actitud, en su arrogancia, me descoloca de una manera que no me gusta. Ojalá salga pronto de nuestras vidas. 

DANIEL 

Mensaje de Raúl a Daniel:


Daniel, ya falta poco para nuestro gran viaje a Argentina. Estoy seguro de que será una experiencia increíble, pero no te preocupes, estaré allí para hacer que todo sea aún más memorable. Después de todo, no hay nadie mejor para guiarte por este tipo de experiencias que yo.

Espero verte en el aeropuerto, donde podremos hablar de los detalles del viaje y disfrutar de un último momento de calma antes de la aventura. No olvides traer tu mejor sonrisa, porque no quiero que tu viaje empiece de la manera equivocada.

Nos vemos pronto, y recuerda que estarás en buenas manos.

Leo el mensaje de Raúl, ¿cuántos números de móvil puede tener? Me pregunto. El cambio en su tono, de agresivo a pasivo, me desconcierta. ¿Siempre ha sido así? No sé si debería preocuparme o si solo está jugando con las palabras.

⎯¡Hermano de otra madre! ⎯escucho la voz de Pablo, y al levantar la mirada, me encuentro con su amplia sonrisa y ese aire jovial que siempre lo acompaña.

Pablo ha cambiado. Ahora se ve más atlético, con su físico bien definido. Lleva una camiseta blanca ajustada que resalta su torso musculoso y sus brazos trabajados. Tiene barba y bigote bien recortados, y su cabello castaño oscuro está peinado con estilo hacia un lado. Su expresión es relajada, y esa leve sonrisa parece decirlo todo, como si estuviera disfrutando del momento.

Me quito las gafas de sol y le sonrío.

⎯¿Diosa? ⎯pregunto, señalando el nombre del lugar. ⎯¿Así quieres ponerle?

⎯Théa significa Diosa. Tenía que ponerle el nombre de mi mujer… ⎯me responde con una sonrisa, mientras me abraza. Sentir su cariño, como siempre, me reconforta. ⎯Tu primo David anda perdido. También se unirá al proyecto ⎯me dice.

⎯¿Perdido? ⎯pregunto, confuso.

⎯Yo creo que anda enamorado… lo vi la otra vez con esta chica, ¿Valentina? ⎯continúa la plática, mientras se sienta en una de las sillas que están puestas para nosotros. El local aún se encuentra vacío, pero si todo sale bien, será el restaurante del que me platicó Pablo la otra vez en su casa.

⎯Sí, Valentina. Espero que David tome las decisiones correctas. ⎯respondo, pensando en el hermano que siempre ha sido difícil de leer.

⎯Pues, invirtió en mi proyecto… es una decisión correcta ⎯bromea, levantando la copa y guiñándome un ojo.

Pablo suspira y cambia de tema de repente.

⎯Me dijeron por ahí que “eres papá”… ⎯me afirma, mirándome con una sonrisa enigmática.

Sonrío al recordar a Aria.

⎯Tazarte tiene una hija, pero no sé muy bien si soy papá ⎯respondo, intentando restarle importancia al asunto, aunque el tema me incomoda un poco.

Pablo voltea hacia atrás, y por primera vez, noto a un niño pequeño en la barra del local, con un libro de colorear frente a él, completamente concentrado en lo que hace. El niño tiene el cabello negro, es delgado, y sus ojos están fijos en el libro, sin parecer notar el bullicio a su alrededor.

⎯Yo también “soy papá” ⎯me dice Pablo, su tono cambia, y por un momento, me siento extraño al escuchar esas palabras.

No comprendo del todo lo que está insinuando, y mi rostro lo dice.

⎯Se llama Lukas. Es hijo de Atenea y… ⎯sé que no quiere pronunciar el nombre de la otra persona, pero sé de quién habla.

⎯¿Lukas? ⎯pregunto, sorprendido.

⎯Sí. Llegó hace dos días ⎯me informa. ⎯Su madre, Atenea, lo abandonó en un orfanato. No quiere saber nada de él. Théa se enteró y después de decírmelo, lo trajo a la casa. El chico es callado y tímido. Demasiado para mi familia con herencia mexicana.

Me río, entendiendo perfectamente lo que Pablo quiere decir. El carácter tranquilo de Lukas es un contraste total con la energía vibrante de su madre y la familia de Pablo. Puedo imaginar lo que debe ser convivir con un niño tan introvertido en un ambiente tan lleno de vida y ruido como el suyo.

⎯Lo imagino ⎯respondo, todavía sonriendo ante la situación⎯. Y, ¿qué harás?

⎯Pues… mi mayor esfuerzo ⎯contesta con calma, como si ya estuviera acostumbrado a las dificultades⎯. Quería pedirte el teléfono de Ana Carolina para llevarlo con ella para que lo evalúe. Sé que es psicóloga infantil y juvenil.

⎯Claro… con gusto ⎯comento, mientras busco mi teléfono en el bolsillo.

Pablo me ve a los ojos, sus intenciones claramente más allá de lo que ha dicho hasta ahora. La tensión en el aire se siente sutil, pero palpable.

⎯No me llamaste solo para eso, ¿cierto? ⎯pregunta con una sonrisa traviesa en su rostro.

⎯No te llamé solo para eso ⎯responde sin perder la compostura. ⎯Necesito que me des tu Vi.Bo.

⎯¿En qué? ⎯pregunto, confundido pero intrigado.

Pablo, con esa calma que siempre tiene, toma una caja de joyería sobre la mesa y la abre lentamente. Un sencillo pero hermoso anillo de diamantes aparece ante mis ojos, brillando con la luz que entra por la ventana.

⎯Si acepto ⎯bromeo, estirando la mano como si Pablo fuera a ponerme el anillo.

Él suelta una risa, riéndose de mi broma.

⎯Basta, ¿te gusta? ⎯me pregunta con seriedad, observándome con atención⎯. Sé que no es un anillo “Canarias”, pero…

⎯Es hermoso ⎯comento, observando el pequeño diamante brillar. Es sencillo, pero su diseño elegante lo hace destacar. En sus dimensiones, hay una carga de intenciones que ni siquiera puedo dejar de pensar.

Pablo parece relajarse al escuchar mi respuesta, pero su mirada se vuelve más intensa mientras continúa

⎯Sé que ahora Théa es multimillonaria, y que posiblemente este anillo no signifique mucho, pero…

Lo tomo de la mano, buscando tranquilizarlo. Hay algo en la forma en que habla que me hace querer darle un poco de seguridad, algo que va más allá de la pieza de joyería que tiene en la mano.

⎯Créeme… Théa no verá eso ⎯le digo, sosteniendo su mirada mientras trato de que entienda lo que estoy intentando transmitir.

Pablo parece considerar mis palabras por un momento. La incomodidad en su expresión desaparece y se permite relajar los hombros un poco. Hay una vulnerabilidad en él, una inseguridad que normalmente se oculta tras su exterior confiado. Creo que por eso Pablo y yo somos mejores amigos; ambos sabemos cómo esconder lo que sentimos y nos entendemos de una manera que solo los que se conocen profundamente pueden hacerlo.

⎯Gracias, hermano ⎯dice finalmente, con una leve sonrisa. ⎯Sabía que podía contar contigo. Obviamente, seas mi testigo y mi cómplice.

⎯¿Cómplice? ⎯pregunto, alzando una ceja, sorprendido por la seriedad en su tono.

⎯Sí, para pedirle matrimonio ⎯responde con entusiasmo, como si ya tuviera todo planificado en su cabeza. ⎯Estoy pensando en algo extraordinario, pero aún no sé bien qué. Pensaba en tus ideas para eso.

⎯¿Mis ideas? ⎯repito, asombrado. ⎯Creo que estás con el Canarias equivocado. Ese es David, es más romántico. Yo soy el pragmático, no el tipo que sabe hacer esas cosas.

Pablo se ríe, sabiendo que lo digo en broma, pero también entendiendo que, en cuanto a los detalles sentimentales, no soy la persona adecuada para darle consejo.

⎯Sé que tienes ideas… Te lo dejo de tarea ⎯me dice, con una sonrisa confiada.

⎯¿A mí? ⎯pregunto, algo sorprendido. ⎯¿No se supone que eres tú el que debe pedir matrimonio?

⎯Sí, pero sé que a ti se te ocurrirá algo mejor. ⎯responde, con una mirada cómplice.

En ese momento, mi móvil vibra y, de reojo, noto que es un número desconocido.

¿Es en serio? Pienso, al darme cuenta de que parece ser un nuevo número de Raúl.

⎯Planeo hacerlo antes de la boda de tus primas, así que quiero ver esa proactividad del IESE Business School y genérame ideas. ⎯añade Pablo, antes de tomar su móvil y ver algo en su pantalla.

Me río, no puedo evitarlo. ⎯Trataré… ⎯respondo, sin mucho entusiasmo, ya que mi mente sigue en el mensaje de Raúl.

Pablo saca el móvil de su bolso y lo ve con atención.

⎯Es Théa, voy a contestar ⎯me dice, levantándose de la mesa.

Aprovecho el momento para sacar mi móvil y ver el mensaje. Al abrirlo, mi corazón se acelera sin razón aparente. La pantalla muestra un mensaje que reconozco al instante.

“Hola, Daniel. Soy Bart, ¿te acuerdas de mí?” leo en voz alta, como si su nombre me trajera recuerdos inmediatos.

⎯¿Bart? ⎯pregunto, casi para mí mismo, con una pizca de confusión. ¿Cómo puede ser que después de tanto tiempo, Bart me esté contactando de nuevo?

Pero es el segundo mensaje el que realmente despierta algo dentro de mí.

“¿Nos conocemos? Calle de Bailén, s/n, junto al Palacio Real. Estaré en el café a las 9:00 am. Me encantaría verte.”

Mis dedos tiemblan ligeramente mientras escribo mi respuesta, intentando procesar todo.

“¿Este es tu nuevo número? ¿Por qué desapareciste?”

La respuesta llega rápidamente.

“Puedo explicarlo mañana. Te prometo que tendrás respuesta. ¿Entonces, quedamos? Sé que es muy pronto, pero en realidad tengo poco tiempo para estar en la ciudad.”

Lo leo una y otra , pero al final, no puedo negar que hay algo en su mensaje que me llama a ser parte de esto. Es mi ciudad, un lugar que conozco bien, y además… es Bart. Alguien que, por alguna razón, sigo recordando.

Mi respuesta es rápida y decidida.

“Ahí estaré…”

Envío el mensaje.

4 Responses

  1. Ay Jesús mío! Padre Santo! Que no sea lo que estoy pensando 🤦🏻‍♀️… Siento que el próximo capítulo me va a doler 💔😔.

    Qué bonito que Pablo se vaya a casar con Thea y que hayan adoptado a Lukas 💕… Qué mujer tan desalmada es Atenea al abandonarlo en un orfanato.😠

    Raúl, ya cánsate ¿No?🤷🏻‍♀️

    Taz… No bajes la guardia 🚨

  2. Pablo y Théa con tanto corazón para ayudar a un niño sin culpas.
    Este Sebastián me parece despreciable, acercarse con la niña próxima es de malvado.
    Que no les vaya a pasar nada.

  3. Awww que lindo Pablo yvThea y definitivamente tienen un corazon gigante, hacerse cargo de Lukas, que gran gesto. Y ese Sebastian lo odio, me dio la impresiom que estaba grabando lo q hablo con Taz, uso un juego de palabras q las puede usar en contra de Taz. Y como asi que Bart???? Ay no. Debe ser Sebastian pero como se entero. Ese es mucho hdspm. 😡🤬

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